
Maine es un estado al norte de Nueva York. Pero para mayor descripción, Maine es lo más opuesto a Miami, porque si allí encuentras playas, centros comerciales y clubes nocturnos; en Maine solo hay nieve, frío y soledad. Es el sitio donde Salinger vivió alguna vez y Stephen King continúa escribiendo. Es el estado más cercano al polo norte y con ello a la depresión.
En diciembre del 2007, cuando el Perú se preparaba para uno de los veranos más calurosos de los últimos años, el escribiente pasó una temporada en el invierno. Al ser recibido por todas las casas de techos blancos, las memorias lo llevaron a canciones navideñas de infancia que recién lograba comprender.
No hay nada peor que la navidad. Sí, pasarla solo y en el extranjero, donde todo está tan alejado y organizado que no hay combis cada 3 minutos, nadie alquila internet, y el único autoservicio (donde puedes encontrar lo suficiente para vivir) queda a kilómetro y medio entre la nieve que se hunde hasta las rodillas, los charcos congelados y resbaladizos de las pistas, porque no hay veredas (todos se transportan en automóviles) y el viento helado que entumece dedos, orejas y labios. Sin olvidarnos que en invierno, cuando estás cerca a cualquier círculo polar, anochece a las cuatro de la tarde.
Una navidad para encerrarse a dormir y olvidarse del mundo. O también, para acordarse de la gente que más importa. Llamas a la flaca, llamas las hermanas, llamas a tus viejos. Con ellos no puedes fingir, es el 24 de Diciembre más triste, ni siquiera son las cuatro y ya no se ve nada, hace un frío maldito, y no soporto un día más comiendo Burger King.
Piensas entonces en la gente que ha cruzado la frontera como ilegal, y los que en estos momentos que te quejas, siguen trabajando (y lo seguirán, con documentos falsos y sin seguro social) porque en Estados Unidos solo hay dos fechas que importan y la navidad, no es una de ellas.
La Navidad para el americano promedio es la fecha donde se debe comprar, regalar y “ser felices”. Colocar en la puerta de la casa una corona de adviento, de la cual desconocen su significado, y llenar la fachada de luces multicolores que se extienden hasta el año nuevo.
Sin embargo aquella navidad, no fue del todo tristeza, porque como una canción popular reza, siempre habrá un peruano o dos o más, demasiados, repartidos por los rincones más alejados del globo. Así fue que una señora peruana casada con un chef puertorriqueño, nos llevó en su auto a una reunión donde la mayoría peruanos, y demás hispanos, compartían una cena compuesta de pavo al horno, carne de cerdo, arroz y la lenteja serrana que más deliciosa le supo al escribiente.
Disfrutar de la nieve y las luces sobre las casas regresando en auto de madrugada, es una de las postales irrepetibles que suelen ofrecernos las navidades.
A veces hay que ser feliz con lo que se tiene.
http://en.wikipedia.org/wiki/Kennebunk,_Maine
