lunes, junio 11, 2007

LA ISLA
Hasta que al fin el sueño se había cumplido: Se encontraba varado en una isla paradisíaca con las dos flacas a las cuales siempre imaginaba comiéndoselas mientras se masturbaba cada noche.

Dolly y Pretty no se conocían entre sí, mas Sergio fan de ambas, quienes no hacían nada más que ser hermosas, desde antes de salvarles la vida, ni siquiera se tomó la molestia de presentarlas. Acababa de protegerlas de una muerte inminente, de quedarse perdidas y ahogarse en el Pacífico o ser comidas por los tiburones que rondaban aquellas aguas.

Las subió a su balsa inflable, las amarró como sea y tan pronto acabó la tormenta, o por lo menos sintió que la mar les había devuelto a tierra firme, se dispuso a despertarlas.

Como no reaccionaban, Sergio pensó lo peor, sin embargo al escucharlas toser hasta vomitar una fusión de agua, saliva y fétidos jugos gástricos, se dio cuenta que aún se podía ilusionar.

La primera en resucitar fue Dolly, una bella adolescente de unos 16 años, flaca, cabello lacio y castaño claro, además de unos ojos brillantes como su sonrisa, hermosa por donde se le viera. Al cabo de un rato, Pretty reaccionó de su sueño circunstancial; otra niña pero esta vez de 15, flaca, relativamente alta, cabello negro y con ligeros rasgos orientales.

-¿Dónde estamos?- esa pregunta ni siquiera yo podría responderla -no lo sé-, -¿vendrán a buscarnos?-, -si hacemos una gran fogata, puede ser-, -tengo mucha sed-, -toma, bebe-, -¿quién eres?-, -soy un pata que así como ustedes se encuentra recontra perdido en esta isla-, -¿desde hace mucho?-, -venía con ustedes-, -ah, disculpa-, -¿nos salvaste?-, -no, sólo hice lo que mi corazón me dictó-, -qué tierno, y nos salvaste-, -yo no soy salvador de nadie, solo las ayudé y bueno, creo que no sirvió de nada, porque igual estamos varados en esta isla-, -no, pero oye gracias-, -sí, muchas gracias-, -miren, si logramos sobrevivir para salir de acá, allí recién agradézcanme, ahora descansen mientras voy a investigar por las zonas aledañas-, -no, no te vayas-, -no te vayas por favor-, -pero, es que voy a ver si podemos conseguir algo más que cocos para la cena-

Sergio habría muerto si aquel notevayas se lo hubieran dicho en otras latitudes -seguro que todavía no termina de salirse el agua salada de sus orejas y por eso están todas desorbitadas, no saben lo que dicen, mierda no puedo ni cuidarme a mí y . . . ¿hasta cuándo durará esta pantalla de líder de inteligencia emocional? Otra vez estoy hablando solo- Sergio no sabía por qué se las estaba dando de marido con ese par de adolescentes que en el área continental no le habrían hecho el mínimo caso.

La isla era todo un sueño hecho realidad, muy similar a aquellas que las películas reproducen: la playa poseía una arena blanca y suave que llamaba al sosiego, sus aguas transparentes permitían observar toda la flora y fauna del arrecife; adentrándose, la frondosa vegetación y las aves matizaban el ambiente con sus vivos colores. No podía faltar la cascada que desembocaba en una laguna cristalina y ésta, en un río no muy caudaloso con agua apta para tomar, y otros placeres . . . Frutas en abundancia, y cocos también, era un paraíso terrenal, ahora solo necesitaría carne de lo que fuese para no alocarse demasiado.

Cuando regresó, tanto Dolly como Pretty continuaban en el mismo sitio esperándolo y conversando, un poco más tranquilas. Sergio se había quitado el polo para usarlo a manera de bolsa por la gran cantidad de frutas que les había traído -hay un montón no muy lejos de aquí, por lo menos no tendremos sed-, -gracias-, -sí, gracias-, -no se preocupen, no es nada, ahora tengo que buscar más ramas secas, por la noche debemos intentar cubrirnos porque sino-, -pero si hace calor-, -¿a cuánto estaremos?-, -a unos treinta y ocho, no sé, pero puede que de noche baje-

Sergio pasó la tarde entera construyendo (intentando) un refugio digno para aquel par de bellezas de Ripley Joven y Eisha, mientras sus nínfulas jugaban y se vacilaban en la orilla –¡Ven a jugar!-, ¡Sí, acompáñanos!- Sergio hacía lo imposible para ocultar sus erecciones.

Al rato, se quedó estático, dejó por un momento de juntar y acomodar ramas secas, cuando tanto Dolly como Pretty se quitaron sus polos, luego consiguió apreciar sus hermosos senos de niñas-agrandadas ricas, más aun cuando ambas le sonrieron y le hicieron unos gestos para que se acercara a zambullir un rato, sin embargo prosiguió en su afán por construir una humilde casita, no sin antes apreciar las bellas curvas que describían las caderas y la perfecta parte trasera de sus musas, solo cubiertas hipócritamente por unas tangas de colores pasteles, propicias para la torta.

Estando próximo a ocultarse el sol, Sergio prendió la fogata, de algo le habían servido todos sus sábados de webin’ como lobato, boy-scout y rover. Puso a cocinar unas aves que había cazado entre el término de su faena de Bob y la recolección de ramas secas -eres muy bueno con nosotras-, -nos has salvado la vida-, -y nosotras la hemos pasado de lo lindo-, -sin ayudarte en nada de nada-, -¿no te molesta?-, -eso no es problema, si las salvé era para que disfrutaran de la vida ¿no?- y sonrieron -aparte son unas niñas muy hermosas como para morir, y eso no lo voy a permitir- los tres se ruborizaron.

Llegada la noche, se echaron en la arena bajo el refugio. El tiempo era próspero en esa isla de ensueño. El mar se había calentado tanto que emanaba unos vapores que hacían sudar a los tres nuevos inquilinos.

Conforme fue penetrando la noche, la temperatura también iba descendiendo (aunque no llegó a sentirse frío). Se acercaron instintivamente, el uno con las otras y viceversa, es por ello que al voltearse Pretty para acomodarse, rozó por casualidad el pantalón de Sergio donde se erguía su miembro erecto, con la salvedad que éste no sintió nada porque dormía plácidamente, no obstante aquel hecho, sumado a la tibieza del clima nocturno, auspició una noche contacto total por parte del trío.

Sergio se despertó de golpe sintiéndose manoseado hasta el ultraje, las dos muchachas le habían desnudado, como ya lo estaban ellas, y habían acomodado sus ropas como almohadas; mientras Dolly le besaba y lamía, Pretty se disponía a sentarse sobre su boca para estimularse, su lengua reaccionó al instante.

Las niñas reían, Sergio no lo podía creer. Se turnaron la cabalgata y no dudaron gemir exageradamente para provocar a su único semental, al tiempo en que éste les acariciaba y besaba por todas partes como solo en sueños y fantasías de clase aburrida lo había hecho. Ellas apuraban el ritmo, casi saltaban y caían con furia, ayudadas por sus manos que las masajeaban, al tiempo que besaba, lamía y mordía sus senos. Sergio gemía, Sergio gozaba, Sergio aguantaba reciamente la venida hasta que ya no pudiese más (y no solo él) para soltar sin roche aquel demonio encadenado por años de opresión manual.

Así se sucedieron noche tras noche, madrugada tras madrugada, mañana tras mañana, día tras día, tarde tras tarde. Ya no podían calcular el tiempo, a veces no sabían ni en dónde estaban (eso jamás lograrían saberlo), y su único medio de escape consistía en dormir plácidamente luego de ardientes jornadas de sexo, las cuales fueron creciendo en situaciones tan bizarras como ni en las más pornos se habían visto jamás.

Todo iba correctamente, si no estaban durmiendo, se relajaban en unas fuentes de aguas termales situadas un poco más lejos del refugio, pasando la cascada y el río, que Sergio había descubierto por casualidad; sino nadaban en el río y practicaban clavados desde la cascada. La vida estaba hecha para disfrutarla, los tres lo sabían y respetaban tal postulado. Si tenían hambre o sed, la cena siempre estaba servida, bastaba con asomarse a cualquier árbol.

Los problemas empezaron cuando lo poco de papel higiénico que Sergio llevaba en su bolsillo, se terminó -¿y ahora qué hacemos?-, -bueno, no vayan a cometer la insensatez de limpiarse con cualquier hoja que encuentren por ahí, vayan y lávense en el río, pero no para nuestro lado, sino para la parte que va a la mar-

A los días de esto, sintieron que era sumamente asqueroso no tener jabón ni para lavarse las manos. Sus cabellos estaban resecos, maltratados por el sol y llenos de tierra; sus axilas no podían soportar el inclemente calor y sus uñas se estaban convirtiendo en unas garras cada vez más largas, negras y dolorosas, sin mencionar los pelos en todo el cuerpo.

Después, Dolly amaneció sangrando. Al despertarse, su pantalón estaba manchado en la entre-pierna. Y así como si fuese una epidemia Pretty también reinició su ciclo menstrual. Le daba pena verlas en aquella situación, porque sabía que en la isla no podrían meter cincuenta céntimos en una máquina y sacar una toalla higiénica.

Esto suponía que ambas estuviesen de un humor endemoniado, puesto que hubo días en los cuales los cólicos no las dejaban descansar, aparte de tener las piernas irritadas de tanta sangre coagulada. En un comienzo, las observaba con miedo y vergüenza, pero después, seguía aguantándose las ganas, hasta que recordó que podía satisfacerse como en los viejos tiempos.

Por otro lado, Sergio estaba cada día más loco porque como ya se conocía el cuerpo de ambas de izquierda a derecha y de arriba a abajo, ya no le llamaba la atención mantener relaciones todo el día con el mismo par de seres humanos. Una vez obtenido su deseo, no sabía qué más hacer con ellas, y rápidamente se aburría.

Aun así, cuando les entraba la excitación, los 3 armaban sus clásicas orgías con introducción de cualquier tipo, y es que cuando no hay televisión, no queda otra cosa que copular hasta el hartazgo, eso también lo sabían muy bien los tres, sin embargo temían que algún avezado espermatozoide fecundara sus jóvenes óvulos y malograran la fiesta colando otro intruso en su paraíso privado, ya que no tenían condones, perdían la cuenta fácilmente y contra todo pronóstico a las dos les fascinaba que Sergio se viniese dentro, tanto como a él. Era una manera de comprobar si en realidad éstas le estimulaban tanto como él les gritaba mientras las penetraba.

Y como no solo de sexo puede vivir el hombre, la mujer tampoco, para un melómano como Sergio los días que transcurrían sin una radio le cagaban la paciencia, Dolly tampoco podía seguir viviendo con esas mismas ropas de mierda, necesitaba ir de shopping; y la sensible piel de Pretty estaba infestada de horribles manchas, ya que sin sus cremas, las reacciones afloraban libremente.

Lo que más le jodía a Sergio era que por esas épocas se estaba jugando el mundial de fútbol y el pobre no tenía televisión, mucho menos una radio para aunque sea imaginar que veía el partido, aparte que necesitaba enterarse de lo que estaba pasando en el mundo, y se enfurecía cada día más al recordar que no vería los desenlaces de sus programas favoritos, y de cómo estaría reventando su e-mail con las cadenas e invitaciones a páginas de fotos que no entendía; lo mismo sucedía con Dolly y Pretty, aunque éstas morían por volver a reventar la tarjeta de crédito de sus padres haciendo shopping durante días enteros y por las noches asistir a sus fiestas exclusivas en Eisha.

El sexo ya no les era tan indispensable, entonces el aburrimiento, la ociosidad y el mal humor se fueron apoderando del trío. Ya no hablaban, mucho menos se saludaban, no les importaba la existencia del otro, ni siquiera la propia; y justo cuando estaban a punto de matarse porque no había nada mejor que hacer, descubrieron en una recolección matutina, un extraño fruto muy parecido a una mandarina, jugoso y excesivamente ácido, que al ingerirlo les relajaba los músculos faciales, luego todas las extremidades . . . caían en la arena y empezaban a cagarse de risa -es como Kany- pero era más fuerte todavía, porque al rato Sergio con el control remoto que tenía en su mano prendió su televisor y puso un partido de cuartos de final del mundial, mientras Dolly frente a un espejo se probaba unos jeans y polos con la marca en ellos y Pretty se metió en una tina de mármol para darse un baño relajante con sales y aceites que iba rociando de unas botellas.

A los tres les gustó tanto esa mandarina que pasaban días enteros embutiéndose cantidades extremas por escapar, por disfrutar, por extasiar. Se habían olvidado hasta de mantener relaciones coitales porque las alucinaciones eran tales que incluso no percibían si las consumaban, ya que por ratos se ponían a gritar desesperadamente (de eso sí se acordaban) y muchas veces Sergio despertaba de tales viajes con su agujereado pantalón lleno de manchas amarillas resecas y al voltear, las apreciaba desnudas y pegadas con medio plátano atracado entre sus piernas.

Bailaban todas las noches alrededor de la fogata. Su existencia se limitaba a adorar aquella mandarina que les transportaba a otros mundos. Podían viajar durante días enteros, dejar de comer, beber, dormir e incluso tirar sin detenerse. Veían televisión, escuchaban música, tocaban guitarra, cantaban, bailaban con orquestas, asistían a conciertos de sus bandas favoritas, conversaban con íconos de la cultura popular y la historia universal. No necesitaban preocuparse por ningún bien material, a veces se cagaban encima o simplemente no se vestían y andaban gritando y convulsionando de placer.

Las bellezas de vitrina que habían sido Dolly y Pretty se habían convertido en un par de chibolas flacuchentas y ojerosas de cabellos resecos y desgreñados que andaban desnudas, y llenas de pelos por cada rincón de su cuerpo (sobre todo en las piernas), exhibiendo su ingle atiborrada de costras y pequeños insectos saltarines que con el correr de las horas se hacían más grandes. Lo mismo sucedía con un barbudo y pelucón Sergio que todo el día comía sus mandarinas, incluyendo pepas y cáscara, para terminar cagando y masturbándose hasta gritar en pleno clímax evacuador-eyaculador mientras se arrastraba desesperadamente entre los excrementos secos o recientes que dejaban por doquier.

A pesar de todo, Sergio todavía estaba enamorado de ambas, y ellas de él, así que de vez en cuando, o por lo menos si se daban cuenta, recordaban sus orgías y tiraban hasta desfallecer adoloridos, ya que el sexo se había vuelto muy doloroso y la comezón, acompañada por el ardor que les invadía, no les dejaba tranquilos ni cuando intentaban copular, y mucho menos miccionar o defecar, así que recurrían a sus mandarinas y tenían uno, dos, tres, cuatro millones de orgasmos seguidos de paz, mucha paz, de esa que sabían jamás volverían a disfrutar.

-¡Capitán! mire lo que hemos encontrado- unos marineros guiaron al capitán del Lovely Rita hacia una caleta a la salida de la tupida vegetación -pobre, debe de haberse vuelto loco de la soledad-, -¿pero tanto como para follar con esos cadáveres?-, -¿cuánto tiempo cree que tendrán de fallecidas?-, -estas niñas han muerto ahogadas, no creo que hayan sobrevivido para llegar a tierra firme-, -seguro que la mar las habrá varado-, -miren, ni siquiera tienen ojos-, -es lo más asqueroso que he visto en mi vida-, -¿y qué hacemos con él, Capitán?-, -déjenlo tranquilo y no lo toquen porque les puede contaminar ¿Qué no ven esas llagas? los mosquitos, sus larvas y el sol, ya se encargarán-, -morirá, está muy deshidratado-, -pero no puedo creer cómo alguien en su sano juicio pudiera haber comido esos frutos venenosos-

Figura del comienzo: "Atardecer" de la pintora trujillana Nocturna

31 comentarios:

†Gidhe Strigoi† dijo...

¡Orale!, esta bueno. Util para alguna película independiente. Ese tal Sergio es un extremo, y esas chamacas no se quedan atrás. Me gustó. Buena hisotria y buen final.

Fernando Martinez dijo...

En serio es una buena historia, he hallado un centenar de aspectos ironicos y has jocosos que muchas veces le ocurren a uno a diario. Dejame decirte que tienes talento, encaminalo segun tu parecer.

Anónimo dijo...

Buena idea, memoria,cuerpo, alucinaciòn, muerte...elementos todos de este itinerario de la vida, me gusto el hilo conductor, sin embargo la prosa no me apasiono...es algo que se puede pulir. En todo caso, rescatar siempre la sensibilidad desde la literatura merece siempre un aplauso, la literatura es, casi siempre, mas bella que la vida, y la unica posibilidad de reinventar realidades.

Priscila

Anónimo dijo...

Está lokazo, fácil le hace la competencia Tom Hanks, sólo que ese 'on no llegó al extremo de practicar la necrofilia.

selene dijo...

Me agrado bastante el final, sobre todo por lo sorpresivo, y creo que ese es un buen efecto.
Creo que la parte erótica hubiese quedado mejor si se hubiera visto envuelta de mas misterio. =)

Adverso dijo...

Asu! que buena historia, buena descripción del ambiente, los personajes...nunca pensé que terminaría asi.. aunke creo que ya imaginaba eso de que sexo toos los días x el motivo de q no hay naaa q hacer, siempre acaba mal (la experiencia??? jajaja naa)

Saludos *

PD1: GRACIAS X PASAR MI BLOG
PD2: SORRY X NO TENER MUCHO TIEMPO PARA LEER TOOS TUS POST.

MaleNa (la porteña) dijo...

Me gusta la acidez de la historia, sos un excelente escritor, sin duda.

Un abrazo

Anónimo dijo...

hola soy yo el loco el cuento me paresio como la vidad real en sierto modo las chicas el pata que en la sivilisaion no le ubieran echo caso pero en la isla todo canbia osea es un giro de un lugar a otro un giro total como enpiesa como acaba yo lo tome como una espesie de pantalla para esplicar siertos susesos de la vida

Jorge Atarama dijo...

Muchas gracias por la historia, buen final, y muy placentero leerlo. No hay nada que hacer debemos buscar el equilibrio y evitar los extremos, aunque se presenten paradisíacos como aquella isla.
http://jorgeatarama.blogspot.com/

gabriel revelo dijo...

deje la lectura de este cuento para el fin de semana, y vaya que me sorprendio.

le encontre muchas cosas, pero lo más importante es que me hizo pasar unos minutos muy agradables.

para empezar... ¿quién no ha soñado con la posibilidad de un encuentro imposible con una musa inalcanzable?. supongo que cualquier persona que algún día haya sentido miedo al rechazo por culpa de un complejo de inferioridad se sentiría prendido de la idea de una isla desierta con la mujer deseada.

lo erótico, lo prohibido, el amar hasta la saciedad sin restricción alguna es del todo deseable. ¿qué pasa cuando por fin tienes lo que tanto anhelaste y se te convierte en rutina?. supongo que es lo más deprimente del mundo. eso le paso a Sergio, comprobo que la rutina es aplastante hasta en la más seductora orgía. sería conveniente decir que lo importante ya no es alcanzar el amor, sino mantenerlo y seguirle dando vida.

ahora bien, la parte de las mandarinas exóticas me pareció más alucinante que el resto de la narración. entre lineas se adivina el discurso de la decadencia y la negativa a ver la realidad de quien cae al abismo. ya que no se puede escapar de ella, se transforma la realidad para vivir en ella de un modo más decoroso.

el final simplemente me provoco escalofrio. muy probablemente Sergio no morira por infecciones,sobredosis o padecimientos corporales. Sergio morira de una ilusión falsa y mal consumada.

Anónimo dijo...

q historia!.sigues perfecionandote cada dia mas.lo haces muy bien.como siempre con los finales inesperados,nos transportas a lo bello y luego de la nada nos vuleves a la cruda realidad.eso es algo tipico en tus escrito.original sello.

Oscar Ramirez dijo...

considero que el final llega a tener un aire abominable, como si se identificara con un ánimo perverso de la imaginación. aunque la prosa no es tan atrayente por algunos aspecto que pueden corregirse, la historia si llega a cautivar. lo más detestable del relato llega a ser el hecho mismo de la imaginacion, que nos convierte en simples objetos de nuestros necesarios instintos. sólo eso

Luis Javier Pérez dijo...

Este relato me parece muy entretenido, con buenos recursos e increiblemente creativo. Una buena ocasión para pasar un rato leyendo. Enhorabuena Gonzalo.

erick dijo...

Si de lo que se trata es de pasar un buen rato leyendo un cuento entretenido, ese objetivo se logra con "La Isla".

patricia villanueva dijo...

muy excelente personas como tu cambiaran la imagen de nuestro pais como dije tu cuento es excelente me gusto mucho sigue adelante y felicitaciones que buena imaginacion

Analu dijo...

muy interesante!!!! en serio... awesome!!

Giancarlo Escusa V dijo...

Saludos brother... A decir verdad, no es la primera vez que leo a Gonzalo del Rosario, ya que sigo sus obras como mucha otra gente desde sus inicios. La isla, es una excelente creación suya, que no hace más que demostrar y ratificar el constante evolucionar y progreso positivo del autor. Desde aquí felicito la obra y la recomiendo, así como otras tan buenas como ésta. En honor a la verdad... Éxitos.

gisela llacza dijo...

excelente , entretenida de principio a fin.

Renzo dijo...

muy enternecedora y de una facil lectura es un cuenta maravilloso y muy bonito que no puede faltar en ningun librero Saludos

Evacristy dijo...

La isla es una historia fantastica que te deja pegada de principio a fin, y su final es impactante e inesperado, muy buen trabajo Gonzalo

César Olguín Tadeo dijo...

Ey tio muy interesante tu cuento, espero q sigas asi y poder seguir la mayoria de tus cuentos sigue así, :) T.W.

La Primera Fan dijo...

¡¡¡Muy buena!!! Erótica de principio a fin.

claudia dijo...

amio eres lo maximo sigue asi,vas por buen camino te felicito

Luis Valverde Cabrera dijo...

Como siempre estas historias son bien chevere, que bueno que sigas con lo que te gusta sigue asi brother

EVELIN GISSELA SEGURA CASANOVA dijo...

siempre me gustó la creatividad y estilo de Gonzalo que viva el Perú!

Elena dijo...

Gonzalito sabia que escribias, pero no me imaginaba lo bien que lo haces, realmente me ha mantenido concentrada y a la expactativa de saber el final. Me encanto , sigue adelante, te felicito....

garo dijo...

Para no hacerme pobre ni rico!!

luis dijo...

No será una de tus tantas fantasìas sexuales?...claro siempre con su alucinógeno de por medio. Buen final y el final me parecìó erectamente bueno.

Anónimo dijo...

Vamoz Gonzalo zigue adelante tu puedes!!! Buen Cuento

Malu dijo...

Gonzalo este cuento es de lo mejor que lei, es muy entretenido tienes una creatividad de alto nivel felicidades..y sigue escribiendo soy fans tuyo.

Jonathan dijo...

Se te hace facil desarrollar y analizar al ser, llegas a lo profundo y de una manera divertida demuestra como poco a poco el alma se degenera hasta llegar a lo mas primitivo de nuestros instintos. Me encantan tus cuentos y felicitaciones por todos tus reconocimientos, se q vas a llegar lejos.